Comenzaron a conocerse virtualmente. Luego llegó la primera cita. El enamoramiento fue inmediato y ese mismo día ya hubo un beso en los labios al despedirse.
Durante meses estuvieron comunicándose todos los días por teléfono, mail, chat y sms. A cualquier hora, en cualquier momento usaban la forma de comunicarse más adecuada según donde estuvieran. Se encontraban bastante seguido y en la intimidad cada vez se llevaban mejor.
Una noche él la llamó como siempre, pero ella apuró en cortar porque estaba viendo una novela nueva y no quería perderse nada. A la noche siguiente la llamó más temprano y ella también se apuró en cortar porque recién llegaba a su casa y tenía varias tareas que hacer. Se fue perdiendo la costumbre de hablar todas las noches y ya casi no se llamaban. A ella el chat le daba pereza y dejaba de escribir sin saludar.
Tenían sus llamadas y sms de celulares sin cargo por tenerlos en la misma compañía. Pero un día a ella le cambiaron la compañía en su trabajo y pasaron ambos a tener con cargo sus comunicaciones con celular. Entonces ella, para no gastar crédito, cuando recibía un sms se lo respondía por mail. De esa forma dejaron de enviarse sms y se comunicaban solamente por mail. La relación se fue degradando, cada vez se hablaban menos, solamente quedó la rutina del mañanero del domingo, que ambos disfrutaban mucho. Ya no tenían actividad nocturna porque ella siempre tenía mucho sueño.
Cada vez ella demoraba más las respuestas de los mensajes, y un día él dejó pasar un fin de semana sin responder, esperando alguna reacción, se la pasó chequeando la casilla de correo, pero tristemente comprobó que no hubo respuesta, hasta con lágrimas se despidió de ella sin enviarle ningún mensaje. Y entonces comenzó a contactarse virtualmente con otras, hasta que una primera cita se concretó y el ciclo comenzó de nuevo.
(C) Daniel Oliva ~ Martes 3 de marzo de 2015 ~ 14:50 hs.
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